jueves, 1 de enero de 2009

EL SOL

Lean la tarjeta correspondiente

Antes de nada, pulsen el botón derecho de su ratón y seleccionen "Abrir en una nueva pestaña".


Respiro hondo, una inspiración muuuuuuuy larga. Acto seguido, expiración muuuuuuuuuuy lenta. Dejo de pensar por un segundo.

En mi cabeza oigo: Hola, Emilio...

Joder.... y ahí está, flotando ante mí, mi Sol con aquella voz del verano, como todas las otras veces, como si nada ocurriese. La visión es tan resplandeciente que no apetece dejar de mirarla.
Ha llegado el momento, me dice.
Hace muchos meses te dije que nadie había podido darme mi imagen, que había buscado este momento durante siglos... eones... y que, por fin, te había encontrado a ti.
En ese momento te hablé como le he hablado a otros pero has sido tú el que lo ha llevado hasta el final y lo has conseguido.
Y AHORA HAZLO (estoy tan convencido que ni siquiera tengo una erección esta vez).
Como la cosa más normal del mundo, le quito la tapa a mi cámara, enciendo el antiflash, enfoco y me dedico a pulsar el obturador.
Lo mantengo pulsado, idiotizado con el ojo clavado en el visor.
La imagen... no sé muy bien qué decir... simplemente me cautiva, me deja con la sensación de que el tiempo no existiese. Sólo miro y miro.
No es que sea algo "bonito" (porque no es esa la cuestión) sino que me... fascina... eso es... estoy fascinado...
Y ahí está mi Sol, resplandeciendo.
Me doy cuenta de que la cámara no hace ruido y que tengo el obturador pulsado. He hecho todas las fotos de la tarjeta.
Bajo la cámara y sigo mirando.
Simplemente me gusta lo que veo.
No me siento como un mudo porque no quiero decir nada. Sólo quiero mirar.
Y de pronto ya no está.
Me quedo un buen rato, no sabría decir cuánto, sentado, pensando en nada.
Poco a poco vuelvo a ser consciente de donde estoy y me pongo a pensar que todo esto ha merecido la pena. No sé que va a pasar, si volveré a ver a mi Sol (ya no me necesitará más), en si volveré a pasar algo parecido a lo de los últimos meses, pero no me importa porque las cosas que me importaban cuando todo esto empezó ya no son las que me importan ahora.
¿Qué podría ser definitivo ahora?¿qué podría hacer que todo cambiase a estas alturas?. Supongo que una fascinación como ésta es capaz de cambiarlo todo y da igual si para bien o para mal. Lo importante es que ha pasado. Sólo eso.
Y oigo en mi cabeza: gracias Emilio.
Y miro al sol (al otro sol, el de siempre) sobre el mar y sonrío.
Parece que todo ha terminado.
Algunas gaviotas hurgan en los restos que quedan aún del verano.
No hay nadie en la playa, sólo un viejo a lo lejos camina junto a la orilla y yo sigo ahí, sentado.
Me fijo y el viejo se está acercando hacia mí y, curiosamente, tiene un andar parecido a Chiquito de la Calzada.
-¡Ay Dios, no es un viejo... es... es... !
Es él. Mi Sol lo ha revivido.
FIN.

Emilio Cendón volverá.
(Ahora pueden ver la foto del SOL).
(pueden ver toda la historia de nuevo AQUÍ)

LA PLAYA

Cojo ropa de abrigo y bajo al coche.
Hace días que tengo la cámara, el antiflash, el tarro con la miel y los agujeros negros en el maletero, esperando a que yo me decida.

El maletero de mi coche desde hace semanas.

El antiflash, los agujeros negros,... qué hago yo con eso metido en el maletero del polo...
Qué sensación más extraña. Estas cosas han formado parte de mi vida reciente y sin embargo me siento viejo porque no las reconozco.
¿Cómo ha podido cambiar todo tanto en pocas semanas?.

Arranco y me dirijo a la playa del Bao.
He estado haciendo pruebas en el monte con el antiflash y funciona. La miel de Olga era buena (muy radiactiva) y, aunque se nota que el antiflash es un artilugio que yo he construido, parece que servirá. En las fotos, literalmente, el agujero negro se come la luz.


Prueba fallida con el antiflash... he conseguido que funcione bien, por fin.


Me siento en la playa con la cámara en la mano y el antiflash encendido.
Cierro los ojos y espero.
Me pongo a recordar toda la historia.
Pienso en las veces que he visto a mi Sol: recuerdo el día de la tormenta, cuando se me apareció en la huerta de Santiago, cuando me habló durante mi viaje veraniego. Pienso en todo lo que he cambiado desde la primera vez que lo vi (cuando casi me quema la ropa del tendal).

Y me concentro para ver si me llega algún contacto.



Y me concentro y me concentro...

... Al cabo de una hora sin ninguna señal, y con el frío que hace, decido volver a casa.

Parece que no quiere aparecer. Quizá ser el Sol te haga comportarte de forma caprichosa, quizá ser un Astro te acerque al comportamiento de un niño.
A lo mejor el Sol ya ha conseguido su propia imagen por otra vía. Quizá aquello que mantenía su atención durante la tormenta del verano le ha proporcionado ya su propia imagen y yo, simplemente, debería olvidar todo esto...


Vaya chorrada... ¿olvidar todo esto? ¡después de que Jacobo haya caído y que Olga haya terminado en Siberia! ¡después de meses y meses de trabajo y búsqueda me voy a retirar sólo porque hace frío y a un Sol caprichoso le da por no aparecer! ¡venga, hombree, por Dios!.

Y UNA MIERDA.

Y además, QUIERO HACERLA.

Me planto en en medio de la playa y miro al cielo. Aunque he practicado mil veces la telepatía con David, no sé muy bien cómo intensificar... la... frecuencia... de... contacto... telepático... (increíble, me da verguenza pensar en estos términos... a estas alturas...).

¡ME CAGO EN LA PUTA!

- ¡¡¡Dónde estás!!! ¡venga, sal!.

¡APARECE! ¡yaaaaaaa!.

Caigo sentado en la arena muy cabreado (¡arrgh!), con ganas de pegarme con algo. Me cubro la cara con las manos para intentar serenarme y abstraerme un poco.

Respiro hondo, una inspiración muuuuuuuy larga y seguida, expiración muuuuuuuuuuy lenta. Dejo de pensar por un segundo.

En mi cabeza oigo: Hola, Emilio...



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ARCO IRIS

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Cliquen el botón derecho de su ratón y seleccionen "Abrir en una nueva pestaña" (... un clásico).



Día de año nuevo.

Me levanto. Ayer no salí, no estoy especialmente navideño ni voy a hacer ningún esfuerzo por estarlo. Tengo todo esto en la cabeza y hasta que no lo termine no descansaré.

Pero hace tiempo que no sé por dónde tirar, no encuentro recursos.

Hace tanto tiempo que no tengo señales del Sol que tengo la sensación de haberme inventado yo todo esto.

Hasta los recuerdos de mi Sol parecen inventados.

En fin.

Pongo la cafetera al fuego, voy a mear, me cojo un jersey porque hace bastante frío y me sirvo el café recién hecho.

Salgo a la terraza y esto es lo que veo. Una imagen para quedarse tonto.

Estas son las cosas que acaban tirando de mí y me hacen seguir con todas estas historias. Además, tarde o temprano, siempre percibo alguna situación extraordinaria y la recibo como una señal. La percibo así y me da igual si estoy medio chalado, yo simplemente respondo (y siempre pasa "algo").


A menudo me siento como un gilipollas porque pienso que estas historietas me van a llevar a algún lado. La mayoría de las veces simplemente actúo para favorecer estos acontecimientos, que me parecen fantásticos, y prefiero no pensarlo porque sino seguro que acabaría no haciendo nada.

Así que, vámonos a la playa. A ver si pasa algo.

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miércoles, 31 de diciembre de 2008

CANTO

Me celebro a mi mismo,
Y cuanto asumo tú lo asumirás,
Porque cada átomo que me pertenece, te pertenece también
A ti.

Holgazaneo e invito a mi alma,
Me tumbo y holgazaneo a mi antojo… mientras
Observo una brizna de hierba veraniega.

Las casas y las habitaciones están llenas de perfumes…
Los anaqueles están cargados de perfumes,
Respiro yo mismo la fragancia, la reconozco y me gusta,
La destilación también me embriagaría, pero no he de
Permitirlo.
La atmósfera no es un perfume… no tiene el sabor de la
Destilación… es inodora,
Está hecha desde siempre para mi boca… estoy
Enamorado de ella,
Me iré a la orilla del bosque, me quitaré el disfraz y quedaré
Desnudo,
Me enloquece el deseo de estar en contacto con ella.

El vaho de mi propio aliento,
Ecos, ondulaciones, susurros zumbantes… raíz de
Amaranto, hilo de seda, horquilla y vid,
Mi respiración e inspiración… latido de mi
Corazón… el paso de la sangre y del aire por mis
Pulmones,
El olor de las hojas verdes y de las hojas secas, de la playa
Y de las oscuras rocas marinas, del heno en el granero,
El sonido de las palabras eructadas por mi voz…
Palabras que se pierden en los remolinos del viento,
Algunos besos fugaces… algunos abrazos… brazos
Extendidos,
El juego de luz y sombra sobre los árboles cuando las
Flexibles ramas se agitan,
El goce de estar solo o en el bullicio de las calles, por los
Campos o en las laderas de las colinas,
La sensación de salud… la plenitud del mediodía…
Mi canto al levantarme de la cama y saludar al sol.


Walt Whitman





Después de pasar semanas dándole vueltas a cómo hacer la foto del Sol, ha llegado el día de fin de año.
¡Fin de año!
Increíble.
Cómo puede ser que haya pasado tanto tiempo.


Me voy a dar una vuelta con el coche.
No me aclaro, no sé que me pasa, no tengo ni idea de cómo acabar con esta historia, todo se ha vuelto tan normal que parece no tener sentido ni terminarla.

Aunque luego recuerdo a Jacobo y a Olga y me siento culpable por haber perdido el rumbo. Recuerdo los carteles, las noticias en el periódico, los ucranianos,... me parece que todo esto no me ha pasado a mi, parece que me hubieran hablado de la vida de otra persona.

... Pues eso, lo mejor es salir con el coche y dar paseos que siempre me aclaran la cabeza.




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